El sistema de reparto de pensiones

El sistema de reparto de pensiones

Después de compartir un día estupendo con mi mujer y tres hijos, llegó la hora del descanso. Los llevé a la cama, me quedé cinco segundos mirándolos fijamente y me pregunté: ¿qué será de vosotros cuando tu madre y yo seamos mayores?, ¿vivimos una situación de crisis realmente o nos encontramos en un nuevo caso basado en el Esquema Ponzi?

Carlo Ponzi logró ingresar en los manuales de economía en 1919 arruinando a 20.000 personas en EEUU: les robó nueve millones de dólares. Ponzi devolvía a algunos clientes el doble de lo invertido en sólo 90 días; eso sí, pagaba con dinero de otros miles de clientes a los que no devolvió nada. En ese sistema, los últimos que llegan son los que perderán todos sus ahorros; los que llegasen primero y se retiraran a tiempo ganan dinero fácil. El sistema es ilegal, se basa en el engaño. En la estafa Ponzi, sólo una persona mantiene contacto directo con los inversores, promete beneficios sin negocio real que lo sustente, los beneficios surgen de los siguientes inversores, que al entrar en el negocio son quienes pagan a los que llegaron antes. En realidad la estafa envuelve un proceso en donde las ganancias que obtienen ciertos inversionistas se generan gracias a nuevos inversores que caen engañados por las promesas de obtener grandes plusvalías. El sistema funciona siempre y cuando crezca la cantidad de nuevos inversionistas en el sistema. Pero, naturalmente, la opinión de lo que es un negocio real puede ser muy relativa, y casos recientes en España como los de Afinsa, Fórum Filatélico y Bosques Naturales podrían encuadrarse en esta categoría, aun estando sub iúdice.

Libren su mente de todo lo que han oído y leído últimamente sobre la crisis en España, piensen en el siguiente modelo de negocio: llevan sus ahorros de toda una vida de duro trabajo a una firma llamada Seguridad Social y les dicen que si «invierten para el futuro a largo plazo», esperarán ingresos anuales vitalicios (independientemente de su cuantía), además de asistencia sanitaria universal, coberturas por viudedad u orfandad, servicios de dependencia, etc. Nunca sabrán en qué invierten su dinero porque va combinado con el de otros inversionistas y nos presentan prospectos incomprensibles pero legales. Un sistema de reparto de caja, también denominada de caja de reparto (Seguridad Social), es una mera cuenta de explotación como cualquier economía familiar donde los ingresos provienen mayoritariamente del número de personas que están en activo (afiliaciones) y los gastos son generados en un alto porcentaje por la que personas que están en pasivo (pensionistas).

Hagamos un símil: Ponzi frente al sistema de reparto de caja. La característica del sistema Ponzi se basa en la promesa de altos beneficios financieros que no están bien documentados, dirigiéndose a un público financieramente irresponsable. El sistema de reparto se caracteriza porque tiene cotizaciones indefinidas y beneficios definidos. Es decir, la cuantía de la pensión no se relaciona con lo aportado durante la vida activa, sino con las características del sistema y con el cumplimiento de ciertos requisitos que daban o dan derecho a una pensión previamente definida.

En el año 2007 contábamos con 19.195.755 afiliados y en junio de 2012 con 17.027.843 afiliados. Dada la evolución del número de pensionistas -pasan de 8.338.546 en 2007 a 8.902.683 hoy, cuya pensión media mensual se ha incrementado de 681,46 euros entonces a los actuales 829,57-, y, sin tener en cuenta otro tipo de datos como pueden ser: tasas de natalidad, esperanza de vida, incremento del gasto sanitario, etc., es coherente pensar que ha disminuido de manera considerable el número de inversores, y es evidente que hay ciertas dificultades para hacer frente a los rendimientos prometidos. ¿Estamos en un caso similar al sistema Ponzi? ¿Seremos una carga mañana para nuestros hijos ya que el papá Estado no cumplirá con sus compromisos? ¿Es válido el actual sistema de reparto de caja? ¿Debemos ir hacia un sistema mixto de reparto de caja y de capitalización individual? ¿Nos situamos en la fase de desaparición del Estado de bienestar?

Creo que ha llegado el momento de ser conscientes de la necesidad imperiosa que tenemos de ser consumidores de productos de protección social complementaria: planes de pensiones, planes de previsión asegurados, planes individuales de ahorro sistemático, planes de jubilación, etc.

Tribuna escrita por Julio Fdez. García.

Publicado por El Economista.

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